La historia del Lago Carraízo
- Andrés Sanfeliú Cruz

- 6 days ago
- 25 min read
Updated: 3 days ago

La represa que forma el embalse del Río Grande de Loíza se terminó de construir en 1953 y se inauguró en 1954. Aunque el embalse cubre otras comunidades también, lo conocemos comúnmente como el Lago Carraízo, debido a que la represa se ubicó en el barrio Carraízo de Trujillo Alto. Cuando se fundó el pueblo en 1801, ya existía este barrio, conocido originalmente como los Carazo. Ahora, en la época que estaremos cubriendo, se referían al proyecto del acueducto y la represa “del Río Grande de Loíza” y no “de Carraízo”.
ACUEDUCTOS Y ALCANTARILLADOS
En los 1940s, comenzó una acelerada transformación económica, política y social en Puerto Rico. Para esa década, más del 70% de la población vivía en pobreza*, en casas de madera con techos de paja, la gran mayoría sin electricidad, agua potable o servicios sanitarios. Aun en 1946, alrededor del 50% de la población en San Juan vivía en arrabales.
El recién fundado Partido Popular Democrático liderado por Luis Muñoz Marín, logró dominar la política del país en esos años, prometiendo mejorar la calidad de vida de los puertorriqueños. En 1942, siguiendo esta propuesta, el gobierno fundó agencias como la Junta de Planificación, la Compañía de Fomento y el Banco Gubernamental de Fomento,
Para erradicar la pobreza extrema, había que atender la crisis de vivienda, los servicios de salud y la educación. Además había que generar empleos que ofrecieran mejores salarios y condiciones laborales. La industrialización era la pieza clave del plan. Esta política tomó fuerza en 1947, con la Ley de Incentivos Industriales, que buscaba atraer fábricas extranjeras en lo que se conoció como la Operación Manos a la Obra. Pero no bastaba con construir fábricas, viviendas, hospitales y escuelas. Había que expandir la infraestructura que permitiría que todo esto fuera posible, como la energía eléctrica, los acueductos y los alcantarillados.

En 1941, se creó la Autoridad de Fuentes Fluviales (AFF), una corporación pública dedicada a desarrollar la red de energía eléctrica, acueductos y alcantarillados alrededor de la isla. En 1944, la Junta de Directores de la AFF creó el Servicio Insular de Acueductos (SIA). También había un Servicio Insular de Alcantarillados. En 1945, el gobernador Rexford G. Tugwell, consolidó el Servicio Insular de Acueductos y el Servicio Insular de Alcantarillados en una sola agencia y creó el Servicio de Acueductos y Alcantarillados (SAA). En 1949, la SAA se convirtió en la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA). El ingeniero Sergio Cuevas fue el primer director de la SIA, SAA, y AAA, desde 1944 hasta que se retiró del puesto en 1954.
El desarrollo de los sistemas de energía eléctrica y acueductos era esencial para permitir el proyecto económico impulsado por el gobierno, pero también era crucial para atender la higiene y la salud pública. No estamos hablando únicamente de que los hospitales tuvieran luz y agua, sino que los hogares pudieran tener neveras (para preservar comida), agua limpia y servicios sanitarios. En aquel tiempo la gente se tenía que preocupar por enfermedades que hoy casi no conocemos, como la fiebre amarilla, malaria, disentería, fiebre tifoidea, tuberculosis, etc.
Para ese tiempo, el 60% de la población no tenía servicio de agua potable en sus hogares, sino que tenían que recoger agua de plumas públicas, si es que había en su comunidad. Además solo el 25% de los hogares con servicio de acueductos, estaban conectados a alcantarillados.
De hecho, gran parte de Santurce, incluyendo Condado, no tenía alcantarillados. Desde por lo menos 1945 (el reclamo debía venir desde antes), se exigía un sistema de alcantarillados en el área. Todavía en los 50 's, se hablaba de la peste en las calles, las inundaciones, los brotes de enfermedades, y la contaminación de las aguas en la Laguna de Condado, el Caño Martín Peña, la Laguna San José, etc. Sin embargo, la falta de fondos seguía atrasando el proyecto. Aunque hicieron diseños en 1947, no se comenzó a construir hasta 1953.
Esta situación refleja uno de los retos del proyecto de modernización. Había que generar capital para atender la crisis social. Había que atraer fábricas para generar capital. Había que desarrollar la infraestructura para atraer las fábricas. Y había que generar capital para desarrollar la infraestructura.
Ahora, todo esto era solo una parte de la ecuación. En esos años Puerto Rico enfrentaría una grave crisis que, por un lado complicaría el desarrollo del sistema de acueductos, y por otro, dejaría evidenciada la urgencia de desarrollarlo.
CUATRO AÑOS DE SEQUÍA

En 1945, el mismo año que se fundó el SAA, inició una larga sequía que se intensificó en 1946, llegó a su peor momento en 1947, y duró hasta el verano de 1948. La sequía afectó los servicios públicos y representó pérdidas millonarias para las fábricas y el sector agrícola.
Agravaba la crisis el hecho de que PR no contaba con la infraestructura adecuada para soportar largos periodos sin lluvia. No había suficientes embalses para almacenar agua, y muchos de los sistemas eran anticuados y estaban en mal estado, lo que dificultaba implementar medidas como reducir la presión del agua. El área metropolitana se suplía mayormente del Río Bayamón, el embalse de Cidra y el embalse Las Curias en Río Piedras. La SAA hincó unos pozos en Hato Rey para aliviar la situación, pero esto no fue suficiente.
El 30 de junio de 1947, la Asociación de Agricultores expresó que la sequía no era solo causada por la falta de lluvia, sino por “el excesivo desmonte que se ha llevado a cabo durante años”. Insistían que esta era la causa principal. Exigían que se atendiera la reforestación, especialmente en las cuencas de los ríos, y las colinas que no se podían dedicar al cultivo.
Una columna en El Mundo, publicada en 1949, recordaba la difícil situación durante el peor año de la sequía:
“En agosto de 1947 la escasez de agua llegó en San Juan y la Zona Metropolitana a extremos verdaderamente insufribles. Según el Negociado del Tiempo, Puerto Rico sufrió entonces la peor sequía de que se tiene conocimiento… San Juan, especialmente, se convirtió en un basurero habitado. Los fabricantes de alcoholado y agua de colonia hicieron su agosto, porque esos líquidos perfumados suplantaron, hasta cierto punto, al agua.
En medio de la crisis hubo quien dijera que la definición de la palabra asedio, según se aplica a la guerra, era “la acción y efecto de privar a una ciudad de agua para obligar a sus defensores y habitantes a rendirse por sed”.
Cada ciudadano sintió directamente los efectos de la escasez de agua, líquido tan necesario en
los múltiples quehaceres de nuestra vida diaria. El gobierno insular alteró su horario para economizar agua. Las escuelas se cerraron. Algunas industrias sofrenaron los caballos de fuerza de sus motores hidroeléctricos, restringiendo su capacidad productiva… La vida de la familia se salió de su órbita. En innumerables hogares… redujeron primero la ración individual de agua y eliminaron luego la última comida del día.”
La columna hablaba también de los esfuerzos que se habían estado llevando a cabo desde 1946 para reparar salideros y limpiar las tuberías obstruidas.
PROPONEN SOLUCIONES

En septiembre de 1946, la Autoridad de Fuentes Fluviales propuso un proyecto para un embalse hidroeléctrico en El Yunque, que supliría agua al área metropolitana. Al mismo tiempo, la SAA propuso otro proyecto para el Río Grande de Loíza, que incluía una represa, una planta de filtración y un sistema de acueductos, para suplir también la zona metropolitana.
El 12 de diciembre, Sergio Cuevas daba más detalles sobre el plan. De conseguirse los fondos y los materiales a tiempo, ya en 1949 se podrían suplir de las aguas del Río Grande de Loíza los pueblos de San Juan, Río Piedras, Trujillo Alto, Río Grande, Carolina, Cataño, Guaynabo, Bayamón, Toa Alta, Toa Baja, Dorado y Canóvanas (Loíza era parte de Canóvanas).
La primera etapa del proyecto consistiría en construir una represa “con compuertas de ventero y de limpieza”. La represa formaría un lago con capacidad para 7 mil millones de galones de agua, y tendría 2 unidades hidroeléctricas, cada una de mil caballos de fuerza, “dejando espacio para una tercera unidad.” Instalarían un sistema de bombas “con capacidad de 30 millones de galones por día,” con espacio para añadir unidades, y una tubería de hormigón de 48” de diámetro para mover 50 millones de galones diarios. Además, construirían una planta de purificación para 20 millones de galones, diseñada para futuras ampliaciones.
Luego, se harían expansiones sucesivas al sistema de bombeo y filtración en 1955, 1960, 1965 y 1973. Estas aumentarían la capacidad del suministro de agua, según el crecimiento poblacional de la zona metropolitana. Siguiendo este plan, calculaban que el sistema podría alcanzar a servir a un millón de personas. Se proyectaba que la población de la zona metropolitana alcanzaría esa cantidad para 1980.
Sergio Cuevas mencionaba también que en 1878, el ingeniero español Enrique Gadea había propuesto un proyecto para utilizar el agua del Río Grande de Loíza para abastecer a San Juan. Sin embargo, por el elevado costo, se optó en vez por construir el acueducto de Río Piedras.

Mientras todavía la Junta de Planificación consideraba la viabilidad de la propuesta de la AFF y la SAA, en enero de 1947, el ingeniero puertorriqueño Celestino Castro, hizo una parada en Puerto Rico, rumbo a Cuba. Castro había trabajado en proyectos de acueductos en Puerto Rico, Estados Unidos y Cuba. Expresó a la prensa que consideraba que se debían desarrollar ambos proyectos para poder asegurar el suministro de agua al área metropolitana.
Más tarde, Castro cambió de parecer, expresando que el sistema de la SAA en el Río Grande de Loíza debía ser solo un acueducto para servir de apoyo al proyecto de la AFF El Yunque. Opinaba que podían evitar el alto costo estimado de $8 millones, si la SAA no construía la represa. Esto reduciría el costo, “especialmente en lo que respecta a adquirir grandes extensiones de terreno que se utilizarían para el pantano de la represa.”
En los últimos días de enero de 1947, la Junta de Planificación favoreció preliminarmente ambos proyectos, y ya el 16 de febrero, anunciaban que la firma Buck, Sifert & Just, de New York, trabajaba en el diseño de la SAA. Esta era la misma firma que habían contratado para diseñar el alcantarillado de Santurce.
Ese mismo día, Sergio Cuevas respondió a los comentarios de Celestino Castro. Explicó que habían explorado 3 opciones. La primera era bombear el agua directamente del río a una planta de filtración. Aunque esta obra tendría un menor costo inicial, tendría un mayor costo de operación a la larga. La segunda opción, era construir una represa mediana que podría producir energía hidráulica, la cual se usaría para bombear el agua. La tercera opción, usaría “también la misma energía hidráulica a fin de producir la fuerza eléctrica para bombear el agua, ha sido el aprobado, porque resulta el más económico en el coste anual.”
Añadió que no creía que habría dificultad en la compra de las tierras para el lago. “Por lo general, estas tierras son de poca producción. Se necesitarán no menos de 700 cuerdas de terreno para el pantano, y de 15 a 20 cuerdas adicionales para las demás estructuras.” Lo que sí anticipaba que sería el reto más grande, era el costo de los materiales, que en último año habían subido en precio un 60% y continuaban en incremento.
Dos días después, Sergio Cuevas anunció 13 proyectos de acueductos que la SAA estaba desarrollando para poder suplir agua a toda la isla. Ese mismo día, Sergio Cuevas anticipaba que podría haber otra sequía en 3 meses, pero consideraba que con las mejoras hechas en Cidra, Río Piedras y Hato Rey, podrían soportar hasta 90 días de sequía continua. Esto era una predicción muy optimista, ya que como vimos, este sería el peor año de la sequía.

En verano, la sequía llegaba a todo su apogeo. Se estaban haciendo los trabajos preliminares del proyecto del Río Grande de Loíza, al mismo tiempo que se discutía el presupuesto de la SAA, y se daba una pugna entre la administración de la agencia y los empleados. Aunque se aprobó el presupuesto de la SAA, el 30 de junio se reportaba Sergio Cuevas había presentado su renuncia debido a conflictos administrativos. Parece que la situación se remedió, ya que Cuevas permaneció en su cargo.
En fin, en septiembre de 1947, la Junta de Planificación aprobó la totalidad del proyecto de la SAA, mientras que sólo aprobó la planta hidroeléctrica de la AFF. Este no fue el permiso final, pero no creo que sea necesario mencionar cada paso del proceso.
FINANCIAMIENTO

Para complicar la situación, la SAA enfrentaba un déficit de fondos. Ante los cuestionamientos, en febrero de 1947 Sergio Cuevas explicó que el problema se debía a varios factores. El 30% de los consumidores de agua, se suplía de conexiones clandestinas al servicio de acueductos. La mitad de los consumidores legítimos no pagaba sus cuentas, por descuido propio o de los municipios. Muchos de los que pagaban, lo hacían a base de promedio y no según su consumo real. Los municipios hacían “caso omiso” a las tarifas fijadas por la SAA. Además, las agencias de gobierno y los edificios públicos, no pagaban por el servicio. Más tarde, Cuevas abogaría porque el presupuesto del gobierno incluyera los gastos por su consumo de agua potable.
Debido a la escasez de fondos de la SAA, en agosto de 1947, el Banco Gubernamental de Fomento les aprobó un crédito de $3.5 millones. Con esto, podrían iniciar la primera fase del sistema del Río Grande de Loíza, que tenía un costo estimado de $6.5 millones. Para poder costear el resto de esa primera fase (y los otros proyectos que estaban desarrollando), en noviembre de 1947 se le autorizó a la SAA hacer una emisión de bonos por $23 millones.

La primera fase del proyecto, se dividiría en dos partes. La primera era instalar la tubería, la planta de filtración, y un sistema de bombas. De esta manera podrían suplir a la población con el agua del río, sin tener que esperar por la represa. Anticipaban que este sistema podría estar en función ya para 1949. La segunda parte era la represa, que dependía de la venta de los bonos, por lo que no se podría iniciar antes de 1949.
La represa crearía un lago que inundaría una zona entre Trujillo Alto, Caguas y Gurabo. Esto causaría una serie de problemas sociales y económicos que tenían que atender. Había que reubicar a la población de la zona que sería inundada, sustituir carreteras y caminos que desaparecerían para evitar el aislamiento de otras comunidades, y asegurar que no se afectaran los servicios de gobierno (transportación, salud, instrucción pública, etc.)
Los esfuerzos para vender los bonos comenzaron en 1948. Sergio Cuevas, Donald R. Bonniwell y otros funcionarios hicieron múltiples viajes a New York y Washington D.C. para gestionar esta emisión. Aunque el gobierno de Puerto Rico tenía buen crédito, la SAA era una agencia joven, con un historial de operar en déficit, lo que dificultaba lograr un acuerdo.
La SAA intentó obtener el empréstito de la Corporación de Reconstrucción Financiera, agencia federal que ofrecería mejores términos de repago e intereses más bajos, antes de recurrir al sector privado. Sin embargo, el acuerdo con la CRF no se logró.
El 14 de abril de 1949, Gilberto Concepción de Gracia cuestionó la gestión de Donald R. Bonniwell, el asesor financiero del Banco Gubernamental de Fomento (BGF). Bonniwell, tenía vínculos con el Sindicato B.J. Van Ingen (Concepción escribe Vaninger). Según Concepción, Bonniwell había rehusado que Fomento otorgara el préstamo suficiente a SAA para desarrollar sus proyectos, obligándolos a recurrir a la emisión de bonos. Alegaba que el Sindicato Van Ingen, estaba interesado en adquirir los bonos para revenderlos, recibiendo ellos una comisión. Esta comisión, aumentaría más el costo que los puertorriqueños tendrían que pagar.

En julio de 1949, el Chase National Bank acordó comprar $4.2 millones en bonos. En agosto de 1949, se logró el acuerdo por la venta de los otros $18.5 millones. Fueron adquiridos por un sindicato de bancos compuesto por First Boston Corporation, Lee Higgison & Sons, y B.J. Van Ingen. El 11 de agosto, el sindicato puso en venta pública los bonos adquiridos.
Algunas controversias surgieron por la venta de bonos. La más grande fue el aumento en las tarifas de acueductos (el segundo en 2 años). También estaba el asunto de los alcantarillados. Solo 11 pueblos en PR tenían sistemas de alcantarillados completos, pero Acueductos no tenía los fondos para atender el problema. Tampoco podrían buscar préstamos adicionales para este propósito por los próximos 3 años, debido a las obligaciones con los bonos ya emitidos.
Sergio Cuevas explicó que los fondos obtenidos de los bonos se “invertirían exclusivamente en la construcción, mejoramiento y extensión de obras de acueductos... No se dedicaría parte alguna de estos fondos, para obras de alcantarillados, ni para… acueductos en la zona rural, dedicándose la suma íntegramente, a obras en las zonas urbanas de toda la Isla. El préstamo sería de carácter autoliquidable, y por lo tanto los fondos deben invertirse en proyectos que provean rentas normales.”

CONSTRUYEN LA REPRESA

En 1947 ya se habían hecho algunas perforaciones en el terreno. Sin embargo fue en algún momento entre marzo y mayo de 1948 que comenzó propiamente la construcción de la primera parte del proyecto de Río Grande de Loíza (la tubería y la planta de filtración).
El 12 de julio de 1949 reportaban que estas obras ya estaban bastante adelantadas. Se esperaba que la nueva planta de filtración estaría parcialmente en función a finales de ese año. En ese momento estaban construyendo los tanques, edificios, filtros y el equipo de floculación, en el barrio Las Cuevas de Trujillo Alto.
Ya estaba instalada la tubería de 48 pulgadas de diámetro, por donde se bombearía el agua desde el río en el barrio Carraízo hasta la planta de filtración bajo construcción. También se había instalado un funicular sobre el Río Grande de Loíza para poder medir la velocidad y el volumen de las aguas.

Había alrededor de 500 casas en el área que sería inundada por el Río Grande de Loíza al construirse la represa. La AAA estaba “estudiando la forma de trasladar a esas familias sin causarles grandes trastornos.”
En febrero de 1950 se otorgó el contrato para la construcción de la represa a la firma Sumner S. Sollit & Company, por un costo estimado de $2.1 millones. Dos meses después, mientras se daban los pasos preliminares para construir la represa, entró en función la planta de filtración en Trujillo Alto, y finalmente la zona metropolitana pudo recibir agua potable del Río Grande de Loíza. Debo mencionar que a finales de 1949, se reportó que ya algunas áreas se estaban supliendo del río, por lo que no me queda claro si el acueducto entró en función antes que la planta de filtración. Desconozco en qué mes comenzaron la construcción de la represa, pero ya para septiembre de 1950, estaba en curso.
En agosto 1951, se reportaba que ingenieros estadounidenses y latinoamericanos (incluyendo Haití, Chile y Brasil), hacían visitas al proyecto del Río Grande de Loíza para estudiar los métodos de ingeniería utilizados.

Río arriba de la represa en construcción, había 29, 432 casas emplazadas cerca de la cuenca. Preocupaba que el río pudiera estar contaminado por las descargas de estas residencias. Esto requeriría una labor mayor de purificación de agua, y existía el riesgo de que la contaminación llegara a los hogares. En abril de 1951, se solicitó que se hiciera un estudio al respecto.

En mayo de 1951, se reportaba otra sequía que estaba afectando principalmente a la industria agrícola. Según Sergio Cuevas, por el momento, tenían suficientes reservas de agua. Además, el acueducto del Río Grande de Loíza ya estaba supliendo en función, por lo que no se anticipaba que la sequía fuera a afectar a la población.
Ese mes, reportaban que una parte de la represa estaba casi terminada y estaban empezando con la próxima. Habían terminado uno de los soportes laterales y estaban por terminar el segundo. Para el cemento utilizaron arenas y grava del mismo Río Grande de Loíza. Había dos turnos de trabajo. Las labores comenzaban a las 7am y terminaban a la medianoche.

Habían construido también un camino de desviación de la carretera y un dique provisorio. Cuando la represa estuviera terminada, pensaban extender la carretera bordeando el lago, para conectar con la nueva carretera de hormigón hacia Caguas. Se esperaba que la represa estaría lista en marzo de 1952.
Mientras tanto, la AAA publicaba anuncios instando a las personas que vivían o tenían propiedades cerca del río en “los barrios Carraízo y Gloria de Trujillo Alto, Río Cañas, San Antonio y Bairoa de Caguas, Jaguas, Celada y Rincón de Gurabo, que deben proceder sin demora alguna a mudarse del área del lago y además tomar las medidas de protección necesarios, para evitar daños o desgracias personales por la subido de las aguas que debido a haberse iniciado ya la etapa final de la construcción de la presa de hormigón, podrán inundar en cualquier momento las tierras incluidas en el vaso del lago.”

OTRAS CONTROVERSIAS
Ese verano surgieron otras controversias relacionadas a la contaminación de las aguas en la zona metropolitana, que ilustran algunas preocupaciones de la población.
Bravos de Boston

El 6 de abril de 1951 se reportó que los “residentes de la barriada Los Bravos de Boston se levantaron en masa para defender sus derechos alegadamente adquiridos sobre una tubería que esperan utilizar para suplir agua potable a esa comunidad.”
Esta comunidad no tenía agua potable. Se suplía de pozos contaminados. Doña Fela había iniciado las gestiones para resolver la situación. Pero, la Junta de Planificación y la AAA decían que esas mejoras no estaban en sus planes, ya que habían decidido eliminar la barriada. Doña Fela rebatió que la eliminación de la barriada estaba pautada a darse en 8 años. Mientras tanto se debería proveer “el servicio que garantizará su salud y sus vidas”.
La AAA alegó que no tenían las tuberías para llevar a cabo la obra. Luego, el gobierno llevó unas tuberías para instalar, pero la Sucesión Rexach objetó al paso de las estas por su terreno, y el proyecto se paralizó. Luego, la AAA envió una brigada para llevarse las tuberías, ya que las iban a instalar en una urbanización en Río Piedras. Sin embargo, los “residentes en la barriada se pusieron frente a los empleados de la AAA, impidiendo llevarse la tubería.”
Cementerio Buxeda

El 5 de mayo de 1951, un grupo de vecinos de Cupey, liderados por Guillermo Pierluisi, denunció los planes de la compañía Buxeda de construir un cementerio en una zona residencial, muy cerca del Río Piedras, y “a medio kilómetro de la represa de Ia que se surten de agua la población riopedreña y San Juan.”
Expresó Pierluisi que “la construcción del nuevo cementerio se hace a corta distancia relativa de la represa, lo que puede afectar la salud de los vecinos de aquel lugar toda vez que el agua del río y sus afluyentes puede llevar al lecho de la represa condiciones poco saludables para los que viven en aquella jurisdicción.”
Raul Buxeda respondió que el “cementerio privado que construye su firma en el barrio Cupey, de Río Piedras, no afecta en modo alguno la represa a que hicieron mención los integrantes de una delegación de vecinos del barrio.” Además, la mencionada represa, estaba a 4 km del cementerio, no a 300 metros como habían alegado y que “esa planta no está trabajando porque a Río Piedras se le está suministrando agua del Río Grande de Loíza.”
Añadió que el cementerio se construía en una zona rural, con poca densidad poblacional. Tenía aprobación de la Junta de Planificación, el Departamento de Salud, entre otros. Concluyó que un “limitado grupo de vecinos” buscaba “llevar al ánimo del público un asunto completamente contrario a la verdad, cuando la realidad es que ese grupo posee fincas cercanas al cementerio y, por consiguiente, está demostrando que sus intereses personales están muy por encima de las necesidades y conveniencias de toda la población de Río Piedras”.
La represa de los Fonalledas

El 31 de marzo de 1951, Gabriel Hernández y otros 200 residentes de Hyde Park, Baldrich, Roosevelt y Puerto Nuevo en Río Piedras radicaron una solicitud a la Comisión de Servicio Público, para que se demoliera una represa abandonada. La represa estaba entre los sectores Roosevelt y Puerto Nuevo, entre los terrenos de Ramón Nevares (quien era uno de los peticionarios), y “Jerónimo Fonalledas o de los Hermanos Fonalledas”, quienes residían en la finca Las Tres Monjitas en Hato Rey. Luego se reportó que la represa era propiedad de Jerónimo Fonalledas.
La represa fue construida en 1885 por Pablo Ubarri, Conde de Santurce, mediante franquicia otorgada por la Corona Española. Se utilizaba para operar las máquinas del tranvía que viajaba de San Juan a Río Piedras También se usó para regadío. Sin embargo, la represa llevaba más de 30 años en desuso y ya no tenía función práctica. “A pesar de las fuertes avenidas del río durante sus 67 años de existencia, la represa se conserva casi intacta. La caída de agua es de 11 pies de altura.” (El Mundo, 28/03/1952)
Denunciaban los vecinos, que el río “es de muy escaso caudal… y sobre el mismo se descarga el mosto y demás desperdicios de la Central San José así como… aguas negras de los alcantarillados de Puerto Nuevo, Baldrich y Roosevelt”. Las aguas estancadas eran un criadero de mosquitos “...con grave daño a la seguridad y a la salud de los habitantes…” Además causaba una gran fetidez, que aumentaba durante la zafra de la Central San José. No obstante, “docenas de muchachos de la barriada El Monte y otros sectores de Hato Rey acostumbran bañarse en las aguas contaminadas del río que están llenas de heces fecales.”
El 13 de marzo de 1952, la Comisión de Servicio Público celebró una vista pública, donde todas las partes acordaron a la demolición. Fonalledas no se oponía a la demolición, pero expresó que la represa no era la causa directa de los perjuicios que sufrían los vecinos.
El 20 de marzo, se reportó que quedaba por determinar cómo demolerían la represa. Además, se evaluaría si la Central San José estaba en incumplimiento de los términos de su franquicia para el uso del río. La Central tenía una franquicia para usar cierta cantidad del caudal del Río Piedras, condicionada a que el agua debía ser devuelta al río libre de contaminación.
El 28 de marzo, se reportó sobre la demolición pautada para efectuarse dos días antes. Habían hecho los barrenos para colocar los cartuchos de dinamita. Pero los trámites para conseguir los permisos para transportar la dinamita se atrasaron, por lo que el acto se pospuso.
TERMINAN EL PROYECTO

El 16 de junio de 1953, comenzaron a cerrar las 8 compuertas de la represa del Río Grande de Loíza. Antes de cerrarlas, el gobierno reubicó a 148 familias que residían en el área en otras parcelas en el barrio Carraízo. Todavía quedaban otras por trasladar. Considerando que anteriormente se había reportado que había alrededor de 500 casas en el área, sabemos que esas 148 familias no fue la totalidad de las personas afectadas. Desafortunadamente, sobre la expropiación y rubicación de familias, no pude encontrar más detalles. Llama la atención la cantidad de expropiaciones que se estaban llevando a cabo al mismo tiempo alrededor de la isla para el desarrollo de distintos proyectos (bases militares, carreteras, el aeropuerto, etc).

Estimaban que el lago tomaría un mes en llenarse por completo. El artículo describió la escena: “La carretera que pasaba junto al río desapareció totalmente bajo las aguas en todo el sector al sur de la represa. Los cimientos de concreto de algunas casas y los socos de otras que estaban a la orilla del río están ya desapareciendo bajo las aguas. Una casa de concreto que queda en el valle del río como a medio kilómetro al sur de la represa ya se ve rodeada de agua y pronto desaparecerá quedando su techo a varios metros bajo el nivel del lago.”
En algunas extensiones de terreno a orillas del río que aún no han sido cubiertas por las aguas se ven pastando vacas, caballos y cabras. Los campesinos… desean aprovechar esos pastos hasta el último instante y llevan durante el día sus animales a pastar a orillas del lago…”
“Las personas que tienen propiedades en la zona del lago han sido advertidas del peligro que corren éstas con motivo del cierre de las compuertas de la represa. Las aguas cubrirán parte de los barrios Carraízo y Gloria, de Trujillo Alto; Río Cañas, San Antonio y Bairoa, de Caguas; y Jaguas, Celada y Rincón de Gurabo.”
Según el artículo, los residentes a ambos lados del lago en los barrios Carraízo y La Gloria, se habían beneficiado con la represa, ya que los terrenos a orillas del lago habían subido de precio, y se había construido una carretera a cada lado del río dando acceso a Trujillo Alto.
El artículo anticipaba que la nueva represa fomentaría el turismo. Reportaban que una empresa estaba haciendo planes para construir un hotel a orillas del lago. Además decía que:
“El lago será uno de los más bellos de Puerto Rico y se espera que sea una atracción para el turismo. Algunas personas que han adquirido terrenos a orillas del lago ya han construido botes para pescar y pasear por sus aguas. Actualmente la pesca es abundante en el lago, pero el director de la AAA, Sergio Cuevas piensa importar especies de peces que se adapten al clima de Puerto Rico para que el lado pueda convertirse en un paraíso para los pescadores.”
El Departamento de Agricultura tenía planes de introducir especies exóticas como “lobinas, chopas y el “channel catfish", o sea, el barbo de canal”, para fomentar la pesca. Esto ya se había hecho en los otros embalses alrededor de Puerto Rico, debido a “que las especies nativas no se criaban en aguas estancadas.”
LA CRISIS DEL BARRIO JAGUAS

Dos semanas después, el 29 de junio, se reportó que los 3 mil residentes del barrio Jaguas en Gurabo enfrentaban una crisis. El lago había inundado el único camino de acceso al barrio rodeado por montañas. Estaban relegados a pagar 10 centavos para cruzar el lago en una balsa de troncos de guano. Usaban palos de bambú para empujar la balsa.

La escuela construída recientemente había quedado aislada también. Los manantiales que le suplían el agua a la población quedaron inundados. El agua del lago no se podía utilizar para el consumo. La gente no podía llegar a sus trabajos, los productos no llegaban a las tiendas, los agricultores no podían transportar sus siembras, y los alimentos se estaban acabando. Varias personas tenían casas y fincas que quedaron inaccesibles. Se anticipaba que pronto el barrio La Gloria en Trujillo Alto podría enfrentar una situación similar.

El día después de publicarse esta noticia, se reportó que habían abierto una de las compuertas de la represa, para reducir nuevamente el nivel del agua y dejar el camino que llevaba al barrio Jaguas descubierto en lo que se solucionaba el problema. El gobernador Luis Muñoz Marín visitó el barrio, conversó con los residentes. El gobernador ordenó al Programa de Emergencia de Guerra (PEG), a construir un camino provisional en lo que se terminaba la nueva carretera.

Apenas 2 días después, habían llegado las excavadoras para abrir el nuevo camino que le daría acceso al barrio. El señor Fortuño (en un artículo dice Francisco Fortuño y en otro dice Luis G. Fortuño), director del PEG, informó que la meta era abrir una brecha de 4 metros de ancho para permitir el paso de las personas, y que luego se ampliaría para lograr el ancho reglamentario.
Rafael Picó, el director de la Junta de Planificación, explicó habían previsto esta situación, y que el nuevo camino se estaba construyendo. Sin embargo, habían cerrado las compuertas de la represa prematuramente.
Aunque el caso del Barrio Jaguas fue el más grave, en agosto de ese año se reportaba una visita de Luis Muñoz Marín al barrio Cañas en Caguas, para estudiar el problema de unas fincas que también quedaron aisladas por la inundación del valle.
No sé cuánto tiempo tomó solucionar el problema, ni cuándo se pudo cerrar la última compuerta. Pero, ya para el 27 de enero de 1954, la represa estaba en función y sus aguas estaban supliendo al área metropolitana. Solo faltaba por instalar la planta hidroeléctrica.

INAUGURAN LA REPRESA

El 1 de julio de 1954, Sergio Cuevas entregó su mando al ingeniero Rafael Urrutia quien sería el nuevo director de la AAA. Cuevas tuvo que abandonar el puesto por cuestiones de salud. Dos años antes, había sufrido un infarto y estuvo varios meses en recuperación.
El 19 de noviembre de 1954 se inauguró oficialmente el lago Carraizo. El costo final del proyecto había ascendido del estimado inicial de $6.6 millones a $11.5 millones (equivalente a $143.8 millones en el 2026). Durante la inauguración se le rindió un homenaje al ingeniero Sergio Cuevas, en reconocimiento por sus 10 años de labor dirigiendo la SIA, SAA y AAA.
Actualmente la planta de filtración que se construyó como parte del sistema de acueducto del Río Grande de Loíza lleva el nombre de Sergio Cuevas.

LUEGO DE TERMINADA

En 1976, un informe del U.S. Department of Agriculture, decía que debido a la sedimentación acumulada en el embalse desde su construcción, la capacidad de almacenamiento de agua se había reducido un 28%. Si la sedimentación seguía al mismo paso, el embalse quedaría inutilizable en 48 años. Recomendaban mejores prácticas agrícolas y reforestar la cuenca del río para reducir las descargas y la erosión que se acumulaba en el embalse. En 1977, se añadió un metro de altura a la represa para aumentar su capacidad de almacenaje.
En 1994 se hizo un dragado de emergencia en Carraízo. Entre 1996 y 1999 se hizo un dragado completo del embalse. En el 2015 se hizo otro dragado de emergencia. Hace unos meses se realizó otro dragado parcial. El dragado efectuado entre 1996 y 1999, es el único dragado completo que se ha hecho del embalse en toda su historia.
Aunque originalmente Carraízo tenía una capacidad de almacenaje de 7 mil millones de galones de agua, hoy día solo tiene una capacidad de 4 mil millones de galones. Para 1960, le suplía agua a alrededor de 375 mil personas en San Juan, Guaynabo, Bayamón, Carolina, Trujillo Alto, Cataño, Toa Alta, Toa Baja, Loíza, Río Grande y Dorado. Hoy día, alrededor de 491,663 personas se abastecen de Carraízo. Debemos recordar que cuando se construyó, se estimaba que tendría la capacidad de suplir agua a un millón de personas.
EN EL 2026
Desde que se anunció el proyecto del Río Grande de Loíza hasta que se terminó, en la prensa publicaban una y otra vez, las expresiones de Sergio Cuevas y otros funcionarios, diciendo que este sistema “resolvería definitivamente los problemas de agua de la zona metropolitana”.
Por cada embalse que hay en la isla, se pagó un alto precio, no solo económico, sino también social y ambiental. Este costo, los puertorriqueños lo tuvieron que asumir, pero por lo menos estaba la promesa de que remediaría la falta de agua. Hoy, se supone que aceptemos que estos costos se pagaron por nada. En vez de aprender de los errores del pasado, vuelven a crear los problemas que en el pasado intentaron remediar.
Es obvio que la crisis que enfrentamos hoy día con el agua, no es puramente el resultado de la sequía, sino de décadas de negligencia de parte del gobierno. Recordemos que allá en la sequía de 1947, se decía que la definición de la palabra asedio, es “la acción y efecto de privar a una ciudad de agua para obligar a sus defensores y habitantes a rendirse por sed.” Tal vez mañana llueva, pero el asedio no habrá terminado.
*No tengo estadísticas exactas sobre la pobreza para 1940 en PR, pero a base de otros datos, considero que 70% es un estimado conservador. Caraballo Cueto escribe que en 1950, la tasa de pobreza era de 70%. El libro Alameda Lozada y Rivera Galindo, escriben que “a fines de los años 1930, tres cuartas partes de la población de Puerto Rico —270,000 familias— habitaba en casas malamente construidas, insalubres y con necesidades de reparación. El Censo de 1940 informaba un total de 363,000 viviendas en donde un 83% de las viviendas ocupadas por sus dueños tenían un valor menor a $400 y de aquellas alquiladas, el 81% pagaba una renta mensual menor a $10 por mes. La construcción de las mismas era de madera, zinc y el techo de hojas de palma y ubicaban en lugares que carecían, en su mayoría, de facilidades sanitarias individuales, agua potable….”
Fuentes:
-Periódico El Mundo:
1944- 06/05, 11/05
1945- 05/01, 09/02, 21/02, 28/02, 28/04, 02/05
1946- 27/03, 26/04, 11/05, 06/07, 12/07, 26/07, 19/09, 11/10, 12/10, 14/11, 07/12, 10/12, 12/12, 18/12
1947- 04/01, 10/01, 11/01, 13/01, 20/01, 26/01, 30/01, 31/01, 01/02, 04/02, 16/02, 18/02, 25/02, 14/03, 15/03, 22/03, 24/03, 12/04, 26/04, 29/04, 03/05, 10/05, 15/05, 21/05, 06/23, 27/06, 28/06, 30/06, 04/07, 08/07, 04/08, 13/08, 14/08, 22/08, 23/08, 24/08, 26/08, 28/08, 03/09, 20/09, 24/09, 25/09, 26/09, 29/09, 03/10, 15/10, 21/10, 01/11
1948- 10/02, 12,02, 14/02, 19/03, 21/03, 07/04, 17/04, 27/04, 28/04, 13/05, 29/05, 15/06, 20/06, 08/07, 29/07, 15/08, 14/09, 16/09
1949- 16/02, 20/02, 07/04, 14/04, 28/04, 03/05, 14/05, 06/07, 10/07, 12/07, 13/07, 01/08, 05/08, 11/08, 13/08, 14/08, 06/09, 08/10, 21/10, 22/10, 25/10, 26/10, 26/11
1950- 04/02, 18/03, 18/05, 19/05, 20/06, 27/09, 01/10, 11/10, 14/10, 19/10, 02/11
1951- 23/01, 07/02, 23/02, 16/03, 03/04, 06/04, 22/04, 25/04, 05/05, 07/05, 08/05, 10/05, 02/06, 04/06, 09/06, 15/06, 14/08, 05/09, 04/10, 12/11, 14/11
1952- 15/03, 20/03, 28/03, 03/05, 07/05, 29/05, 30/05, 03/06, 04/06, 17/07, 09/08, 19/09, 26/09, 02/10, 03/10, 08/10, 20/10, 27/10, 28/10, 20/11, 21/11, 12/12
1953- 21/02, 02/03, 11/03, 13/03, 08/05, 17/06, 27/06, 29/06, 30/06, 01/07, 02/07, 03/07, 04/07, 06/08, 17/08, 26/08, 31/08, 29/10
1954- 27/01, 26/02, 26/06, 02/07, 15/11, 18/11, 20/11
-Puerto Rico, Cinco Siglos de Historia, de Francisco Scarano
-Perspectivas Económicas para Puerto Rico, de Jose Caraballo Cueto
-La Vivienda de Interés Social en Puerto Rico, de José I. Alameda Lozada y Carlos Alberto Rivera Galindo
-Environmental Assessment Carraízo Reservoir Dredging Puerto Rico June 2022, Federal Emergency Management Agency (FEMA)
-Sedimentation of Loiza Reservoir Puerto Rico, US Department of Agriculture Soil Conservation Service
-Trujillo Alto: Notas para su historia, de José A. Toro Sugrañes
-Embalse y Represa de Carraízo, MunicipiodeTrujilloAlto.com
-Resumen Ejecutivo Evaluación Ambiental del Dragado del Embalse Carraízo, FEMA



Comments