El Grito de Borikén (Parte 2)

Updated: Jun 8

“...se alzaron los indios de la isla un viernes quassi al principio del año mill é quinientos é once, estando los indios é los chripstianos en muchas paz, é tuvieron aquesta forma para su rebelion. Ellos vieron que que los chripstianos estaban derramados por la isla, é assi cada cacique mató los que dellos estaban en su casa ó por tierra; por manera que en un mesmo tiempo mataron ochenta chripstianos ó mas.”

-Gonzalo Fernández de Oviedo



En algún momento a finales de 1510, Agüeybaná, el Bravo, convocó un areyto de guerra, al cual muchos caciques de la isla asistieron. No sabemos mucho sobre este areyto. Oviedo lo menciona en distintos momentos de la historia que relata. Esto incluye, el ahogamiento de Salcedo, la quema de la Villa de Sotomayor, y en el suceso que ahora les cuento. Sabemos lo siguiente: en ese areyto, estaban presentes Guarionex y Urayoán. A esos dos, Oviedo los menciona por nombre. Se puede asumir, que también estuvo Aymaco (del oeste). Juan de Castellanos, suma a esta lista al cacique Mabodomoca, aunque su obra integra tanta ficción e información cuestionable, que el hecho de que él lo mencione, no significa que lo confirme. Sin embargo, creo yo que tiene sentido que estuviera allí. Me pregunto si hubieran estado otros, como el cacique Orocovis, los caciques Daguao y Jumacao, Cacimar y Yahureibo (de Vieques), o alguno de los otros caciques que se unieron a la causa de la rebelión.


De todos modos, de este areyto, nos cuenta Oviedo unas cuantas cosas. Lo primero, se los conté en el artículo “Urayoán, Salcedo y algo más”, pero aquí lo repetiré por eso de contarlo todo junto. Oviedo nos dice:


“É cómo vieron que en la isla de Sanct Johan ya se avian entrado y hecho señores de la isla, aunque en los chripstianos no avia sino hasta doscientas personas pocas mas ó menos que fuessen hombres para tomar armas, estaban determinados de no se dexar sojuzgar de tan pocos, é querian procurar su libertad y no servirlos; pero teníanlos é penssaban que eran inmortales. É juntaos los señores de la isla en secreto, para disputar desta materia, acordaron que antes que se moviesen á su rebelion, era bien experimentar primero aquesto, y salir de su dubda, y hacer la experiencia en algun chripstiano desmandado ó que pudiessen aver aparte é solo; y tomó cargo de saberlo un cacique llamado Urayoan, señor de la provincia de Yaguaca, el qual para ello tuvo esta manera.”


Osea, que lo primero que se determinó, según Oviedo, era que antes de irse a la guerra, tenían que confirmar que los españoles eran mortales. Este punto se ha debatido mucho entre los historiadores. Es poco probable que los taínos verdaderamente creyeran que los españoles eran inmortales. Ya en La Española habían ocurrido guerras, y Oviedo cuenta un suceso muy similar al de Salcedo ocurriendo allí. Hay quienes postulan que el evento de Salcedo es una mera leyenda y no un hecho histórico. De todos modos, si fuera cierto que los taínos querían confirmar primero que los españoles no eran seres sobrenaturales, entonces no tendría sentido que en un solo areyto de guerra, se determinara también los próximos pasos a tomar. De ese ser el caso, debió haber un segundo areyto para esto. Yo personalmente, coincido con la opinión de Jalil Sued Badillo, que el ahogamiento de Salcedo, de ser veraz, fue más una declaración de guerra, que un experimento.


Aunque la historia lo cuenta como un solo evento, si fuera el caso que mi razonamiento es acertado, y fueron dos areytos de guerra en vez de uno solo, lo que les cuento ahora debió ocurrir en el segundo. Se determinaron por lo menos dos cosas más. La primera, nos cuenta Oviedo:


“Tornando á la historia del levantamiento de los indios, digo que despues que los principales dellos se confederaron para su rebelion, cupo al cacique Agueybana, que era el mayor señor de la isla, de matar á don Chripstóbal de Sotomayor, su amo, á quien el mesmo cacique servia y estaba encomendado por repartimiento, segund tengo dicho, en la casa del qual estaba; y jugáronlo á la pelota ó juego que ellos llaman el batey, que es lo mesmo.”


Como discutimos en el artículo anterior, a Sotomayor le habían otorgado licencia para poblar la mitad suroeste de la isla. O sea, la encomienda de la conquista, no era exclusiva para Ponce de León, sino que estaba compartida con Sotomayor. Es en parte por eso, que a Agüeybaná le tocaría matar a Cristóbal de Sotomayor, porque al cacique mayor de Borikén, le tocaba matar al cacique mayor español. La otra razón, pienso yo, era más personal: Agüeybaná y su pueblo, estaban todos encomendados a Sotomayor, quien también había comprado las tierras del cacique en septiembre de 1510.


Pues, para estos tiempos, ya Sotomayor había mudado su pueblo de Guánica a las orillas del Río Guaorabo, en lo que hoy se conoce como Añasco. Pero, a finales del 1510, decidió visitar las tierras que acababa de comprar. Según Oviedo, dos personas distintas le avisaron a Sotomayor del plan para matarlo:


“una hermana del cacique, que tenía don Chripstóbal por amiga, le avisó é le dixo: <<Señor, véte de aqui: que este mi hermano es bellaco y te quiere matar.>>” (Por si acaso, en aquella época, “bellaco” significaba “malo, pícaro, ruin”).


La otra persona que le advirtió a Sotomayor que su vida peligraba, fue Juan González, alias “El lengua”. González, quien era primo de Ponce de León, había aprendido el idioma taíno y fungía de intérprete para los españoles. Según Oviedo, él estuvo presente en el areyto de guerra, haciéndose pasar por taíno:


“Y una lengua que don Chripstóbal tenia, llamado Johan Gonzalez, se desnudó una noche é se embixó ó pintó de aquella uncion colorada… que los indios llaman bixa, con que se pintan para yr á pelear, ó para los areytos y cantares y quando quieren parescer bien. É cómo el Johan Gonzalez venía desnudo é pintado y era de noche y se entró entre los que cantaban en el coro del areyto, vió é oyó cómo cantaban la muerte del don Chripstóbal de Sotomayor é de los chripstianos que con él estaban; é salido del cantar, quando vido tiempo y le paresció, avisó a don Chripstóbal é dixole la maldad de los indios é lo que avian cantado en el areyto é tenian acordado.”


Pero, según Oviedo, parece que Sotomayor se puso bien terco y no quería quedar como un morón, porque “como no avia dado crédito á la india cacica, tampoco creyó al Johan González”. El lengua hasta le dijo que esa misma noche podían huir, que él lo podía guiar por caminos donde no los encontrarían. Sotomayor se rehusó. Pero al otro día en la mañana parece que se echó para atrás y decidió aceptar la oferta de González. Sin embargo, ya él sabía que era muy tarde. Así que, Sotomayor le dijo a Agüeybaná que quería ir “a donde estaba el gobernador Johan Ponce de León.” El cacique le dijo “que fuesse en buena hora, y mandó luego venir indios que fuessen con él y le llevassen las cargas é su ropa, é dióselos bien instrutos de lo que havían de hacer.”


Osea, parece que Agüeybaná estaba usando el mismo truco de usar la servidumbre impuesta como táctica de guerra, que usó Urayoán con Salcedo. Me atrevo a adivinar que ellos se dieron cuenta que si trataban a los españoles como reyes, si apelaban a su ego cegador, era bien fácil engañarlos. Bueno, regresemos a la historia.


Según Oviedo, Agüeybaná le dio las siguientes instrucciones a los hombres que envió con Sotomayor: “mandóles que quando viessen su gente, se alzasen con el hato é lo que llevaban, é fue assi”. Luego de que Sotomayor partió hacia Caparra, el cacique salió tras él con un grupo de guerreros, con los rostros pintados de “rojo y negro” (así lo describe el historiador Francisco Moscoso). Primero, se toparon con Juan González, le cogieron la espada y le dejaron “tres heridas grandes é peligrosas”. Estaban a punto de matarlo, cuando llegó entonces Agüeybaná.


González, en el lenguaje taíno, le dijo “Señor, ¿por qué me mandas a matar? Yo te serviré é seré tu naboria”. El cacique parece que decidió que no valía la pena perder el tiempo con ese cobarde, y que valía más la pena alcanzar a Sotomayor, así que decidió picharle a González, diciendo “Adelante, adelante, á mi datihao, dexa a ese bellaco”. Aquí Oviedo interviene y explica que datihao significa “mi señor, o quien como yo se nombra”.


Los taínos hacían un ritual de la hermandad, llamado el guaytiao, en el que forjaban alianzas. Como parte del ritual, los participantes intercambiaban nombres. Agüeybaná, el Viejo (el hermano del Agüeybaná que protagoniza este relato), hizo un guaytiao con Ponce de León. Por si acaso, no es que los taínos cambiaban su nombre por el otro. Ellos lo añadían al suyo. La cantidad de nombres que una persona tuviera, era un símbolo de status. El punto es que a Agüeybaná, el Bravo, le decían también Cristóbal. Parece que él en algún punto hizo el ritual del guaytiao con Sotomayor. (Oviedo en un capítulo anterior menciona que Sotomayor le puso su nombre a Agüeybaná.)


Pues Agüeybaná y su gente dejaron a González al borde de la muerte, y a una legua de su yucayeque, “en un rio que se dice Cauyo”, alcanzaron a Sotomayor. Tradicionalmente se ha interpretado esta línea como una referencia al río Coayuco. Sin embargo, el historiador Jalil Sued Badillo, nos dice que el río Cauyo, en realidad se refiere al río Cabullón, que en su trecho sureño se llama Bucaná. Basándose un documento de 1517 encontrado en Santo Domingo, nos dice que el suceso ocurrió en Jauca (actual Bucaná-Cerrillos), tal vez por el área del barrio que al día de hoy se llama Jauca en Jayuya.


Oviedo, no le dedica mucho tiempo a lo que aconteció entonces, diciéndonos solamente que “passaron y mataron á don Chripstóbal é á los otros chripstianos que yban con él (que eran otros quatro), á macanazos: quiero decir con aquellas macanas que usan por armas, é flechándolos.”


Agüeybaná y sus hombres regresaron entonces a dónde se encontraba Juan González, a terminar de matarlo. Pero parece que el lengua se trepó en un árbol para esconderse y no lo pudieron encontrar. Así de malherido como estaba, Juan González, esperó a que cayera la noche para bajar del árbol, y entonces “atravessó la Sierra del Xacagua”, aparentemente “guiado por Dios o por el ángel”. El lengua viajó así más de 15 leguas hasta llegar a la tierra del Coa (¿será el Toa?), que era una estancia del rey y pudo encontrar ayuda de los colonos. Oviedo también arroja el detalle de que el lengua estaba tan asustado y desorientado, que pensó que había llegado al Otuao, “donde penssaba que lo avian de matar, porque era tierra alzada é de lo que estaba rebelado”. Estaba tan desangrado y desnutrido que allí colapsó. Los colonos los socorrieron con agua y comida y, eventualmente, González pudo reportar lo que había acontecido.


Los colonos le comunicaron las noticias a Ponce de León, quien prontamente se dedicó a preparar a la gente “para castigar los indios y hacerles la guerra”. El gobernador envió al capitán Miguel de Toro con 40 hombres a buscar a Sotomayor. Lo encontraron enterrado, porque Agüeybaná había dado órdenes para que así se hiciera. Pero estaba “tan mal cubierto que tenia los piés de fuera”. El capitán y sus hombres le hicieron entonces una sepultura, y lo enterraron bien, poniendo una cruz alta y grande para marcar el lugar.


Al mismo tiempo que Ponce de León recibía el reporte de González, llegó también Diego de Salazar con más malas noticias para los conquistadores; la Villa de Sotomayor en Añasco había caído. Estos dos ataques fueron coordinados desde el areyto de guerra. Mientras Agüeybaná se encargaba de matar Cristóbal de Sotomayor, Guarionex se encargaría de destruir su pueblo. No fueron escaramuzas dispersas y aleatorias, sino que ataques estratégicos.


Al principio del artículo, incluí una cita de Oviedo, que le pone una fecha al inicio de la guerra de Borikén: “un “viernes casi al principio del 1511”. Según Francisco Moscoso, el primer viernes de ese año cayó un 3 de enero. A este día, Moscoso le llama el Grito de Coayuco, el día en que Agüeybaná mató al invasor de sus tierras, el día comenzó la guerra de la guerra de la resistencia indígena de nuestra isla, el día del primer Grito de Borikén.


“É aqueste fue el principio é causa de la guerra contra Agüeybaná é los otros indios de la isla de Boriquen, llamada ahora Sanct Johan.” Con estas palabras, Gonzalo Fernández de Oviedo concluye su relato de la matanza de Cristóbal de Sotomayor.


 

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Fuentes:


-De Castellanos, Juan. Elegías De Varones Ilustres De Indias. Edited by D. Buenaventura Carlos Aribau, 2nd ed., M. Rivadeneyra, 1857.


-Fernández de Oviedo, Gonzalo. La Historia General y Natural De Las Indias. Real Academia De La Historia, 1851.


-Moscoso, Francisco. “La Conquista Española y La Gran Rebelión De Los Taínos.” 10 Aug. 2011.


-Sued Badillo, Jalil. Agüeybaná El Bravo: La recuperación de un símbolo. Ed. Puerto, 2008.


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