Francis Drake la cagó en Puerto Rico

Updated: May 13, 2021


Sir Francis Drake no era ningún bacalao. Nació en la pobreza, pero murió con el título de Sir. En aquellos tiempos la gente no cambiaba de estatus social. Nacías pobre, morías pobre; pero él, no. Drake logró más cosas en su vida de lo que la muchos soñarían con hacer. Claro está que, muchos de sus éxitos fueron a base de actos bien fucked up. Lo cierto, es que era un duro en lo que hacía, aunque al final la cagó.


Pero nada, vamos a empezar por el principio. Nació en una familia de campesinos en el pueblo de Tavistock en Inglaterra. Eso es en el West Country, donde todo el mundo habla como Hagrid, de Harry Potter, y como los piratas que todos nos imaginamos hoy en día. De allí se tuvieron que escapar por sus creencias religiosas (el pueblo era católico y ellos protestantes). Terminaron en la ciudad portuaria de Plymouth; donde la familia de su tío, los Hawkins, lo introdujeron al mundo de la navegación. John Hawkins, su primo 10 años mayor, fue de los primeros ingleses en traficar (esclavos) el Nuevo Mundo. Drake seguiría sus pasos (traficando esclavos también). Ya a los 20 años era dueño de su propia embarcación, la cual vendió para financiar su primera expedición a las Indias.


Luego de unas campañas exitosas en el Nuevo Mundo, Drake fue designado por la reina para cruzar el Estrecho de Magallanes y explorar el Pacífico. Francis Drake se apuntó para la misión y así se convirtió en el primer inglés en circunnavegar el mundo. Por esta gran proeza, la reina Isabel le otorgó a Drake el título de Sir y en su escudo la insignia de “Sic Parvis Magna”. Aunque parece que el latín no está correcto, significa algo como “De tan poco, tanto.” Y como Francis Drake ahora era un noble, se compró un castillo, la abadía de Buckland.


Drake también estuvo envuelto en la derrota de la Armada Invencible española. Por un tiempo, él fue prácticamente un rockstar en Inglaterra. Era famoso. Tenía la confianza de la reina. Todo le iba súper bien; pero, luego de unas misiones que lideró y que fueron un fracaso, el ilustre marino militar perdió su favor con la corona. Drake se retiró súper deprimido a su castillo, en donde pasó unos cuantos años desarrollando defensas y un sistema para llevar agua a la ciudad de Plymouth. Este sistema todavía está en uso al día de hoy.


En el 1595 llegó el momento de hacer su comeback. Tenía una oportunidad para ganarse a la reina de nuevo. Había propuesto una nueva misión al Nuevo Mundo que no acababa de aprobarse. Entonces llegó la noticia de que un buque español del Real Tesoro, lleno de plata, se había averiado durante un huracán y estaba en reparación en la bahía de San Juan. Le encomendaron a Drake, junto a su primo John Hawkins que ya tenía como 65 años, a que fueran a capturar la presa. Hawkins estaba retirado y no quería ir, pero sentía su deber a la corona. Drake quería ir solo, pero la corona ya no confiaba en él. Como coronel general de la misión iba Thomas Baskerville. Esto era un golpe bajo para Drake, el dragón de los mares.




Drake tenía fama de hacer a sus marineros ricos tanto por su éxito en las capturas de barcos, como por su generosidad al repartir el botín. Así que cuando llegó el tiempo de reclutar a la tripulación, él se esmandó y reclutó de más. Al poco tiempo de salir de Inglaterra, empezaron las peleas con su primo. En la primera reunión de capitanes, Drake se quejó de que él tenía más hombres que Hawkins. En la segunda, casi se caen a puños. Parece que Drake se estaba quedando sin suministros (¿quién lo manda a reclutar gente de más?) y quería atacar Madeira o Gran Canaria, antes de cruzar el Atlántico. Hawkins insistía que no se podían desviar del objetivo principal de la misión. En fin, Drake convenció a todo el mundo de que atacar a Gran Canaria era una buena idea. Hawkins acepta de mala gana, porque no le quedó de otra. Él tenía la razón. Drake tenía el ego trepado por la cabeza.


La ciudad de Las Palmas en Gran Canaria estaba mejor defendida de lo que anticiparon. El intento de desembarco fracasó. Los ingleses se llevaron más pérdidas de las que valían la pena y se retiraron. Acamparon al sur de la isla para recuperar fuerzas antes de seguir con su viaje. Allí los canarios los atacaron y capturaron prisioneros. Obviamente estos prisioneros les chotearon sus planes de ataque. Así que de Las Palmas enviaron un barco a San Juan con mensaje de la inminente amenaza.


La flota inglesa termina atracando en la isla de La Gomera, porque parece que los locales allí dijeron —Whatever, déjalos que cojan lo que quieran y que se vayan tranquilitos y no jodan más.— De allí zarparon nuevamente hacia el Nuevo Mundo. Durante el viaje John Hawkins, la voz de la razón, muere; probablemente a causa de disentería.





Mientras tanto, de España habían enviado cinco fragatas al mando del almirante Don Pedro Tello de Guzmán, para recoger el tesoro en Puerto Rico. Ya en el Caribe, cuando esta flota pasaba por la isla de Guadalupe, Tello divisó las velas del escuadrón inglés y logra apresar una de sus naves. El almirante entonces también se entera de los planes de los ingleses. Al mismo tiempo que él llega con las noticias a la isla, también llegan las noticias de las Canarias.


Tomado del libro: Los fuertes del Viejo San Juan, del Servicio Nacional de Parques
El Morro en el siglo XVI (Fuente: Los fuertes del Viejo San Juan, del Servicio Nacional de Parques)

Así es que cuando Drake llegó a Puerto Rico (antes Viejo San Juan se llamaba Puerto Rico, por si acaso), la isla ya estaba preparada para su ataque. En aquellos tiempos, la isleta no era una ciudad amurallada como luego lo fue; el Morro era solo un fragmento de lo que es hoy día, y la Fortaleza no estaba ubicada en un buen lugar defensivo. Sin embargo, gracias al aviso, se improvisaron obras de campo en los lugares donde pensaban que los ingleses podrían desembarcar.


Drake, al llegar a Puerto Rico, trató de entrar por el este de la isleta (o sea como si viniera de donde hoy en día es Condado), donde se encontró con el armamento del Boquerón (donde hoy se encuentra el fuerte San Gerónimo). Su primer error fue anclar al alcance de la artillería, donde un cañonazo estalló en la cabina de su barco, el Defiance, y mató a dos de sus oficiales.


A la mañana del próximo día, Drake estaba anclado cerca de Isla de Cabras. Sus hombres no pudieron desembarcar, porque los españoles tenían tropas en el Cañuelo. Nada más le quedaba una opción, entrar a la bahía. El detalle es que los españoles, bien listos, habían hundido el buque averiado en la entrada al puerto para que los barcos de Drake no pudieran entrar. El tesoro lo habían guardado en la Fortaleza. Así es que esa noche, el intrépido inglés movilizó a 1,500 de sus hombres en canoas para atacar la bahía. En la oscuridad, moviéndose entre las fragatas españolas, los defensores de la isla no los podían ver, ni podían acertar sus disparos. El plan era casi perfecto.