Becerrillo, la bestia


“Era una guerra anómala en la antigüedad, del hombre civilizado contra el hombre salvaje y necesitó domeñarlo, a sangre y fuego, con su caballo, su lebrel, su lanza y su espada; refriegas de emboscadas y sin cuartel, de uno contra mil, del fuego del arcabuz contra la flecha envenenada: guerra de dominación, de absorción. Lucha terrible de dos razas; y tenía que ser sangrienta. Era preciso usar todos los recursos del arte de combatir.”

- Cayetano Coll y Toste, Becerrillo, Leyendas Puertorriqueñas


Luego de la Batalla del Coayuco a principios de 1511, la primera en la guerra de la resistencia taína, Juan Ponce de León regresó a Caparra a recuperarse y reforzar sus tropas, en preparación para continuar la guerra. La próxima parada fue en las tierras de Aymaco en el valle del Otoao, donde se enteraron que el cacique Mabodomoca estaba cerca con 600 indios. Así que Ponce de León envió a Diego de Salazar con sus tropas a enfrentarlo. En esta batalla, se dice que murieron 150 indios, pero todos los conquistadores sobrevivieron y lograron capturar unas mujeres taínas. Luego de la batalla, la mañana antes de que Ponce de León se encontrara con ellos, los españoles decidieron jugar un juego cruel.

Diego de Salazar escogió a una anciana de entre las prisioneras y le entregó una carta que le encargó llevar al campamento en el Aymaco, donde se encontraba el gobernador. La señora tomó la carta y partió. Se dice que iba con alegría, porque pensó que al realizar la encomienda le otorgarían la libertad. Cuando estaba a “poco más de un tiro de piedra” de distancia, los españoles soltaron a uno de sus perros monteros, el más feroz de todos, para que se comiera a la india.

Cuando la mujer vio que el perro venía al ataque, se sentó en la tierra y le dijo en su idioma taíno — Perro, señor perro, yo voy a llevar esta carta al señor gobernador — y mostrándole la carta, continuó — no me hagas mal, perro señor.

El perro se tranquilizó cuando la oyó hablar “é alzó una pierna é la meó, como los perros lo suelen hacer en una esquina ó quando quieren orinar, sin le hacer ningún mal.” Los españoles se sorprendieron con este acontecimiento, porque este era el perro más feroz y peligroso de todos los que tenían. Así que, el capitán Diego de Salazar, viendo esto, llamó al perro de vuelta y lo amarró. También llamó a la anciana, quien regresó temblando de miedo. Cuando Juan Ponce de León llegó al campamento y se enteró de lo ocurrido, “no quiso ser menos piadoso con la india de lo que avia sido el perro, y mandóla dexar libremente y que se fuesse donde quissiese, é assi lo fizo.” ¡Que tipazo!

Pues este fiero perro se llamaba Becerrillo, y era un alano español, entrenado en La Española y traído a Puerto Rico para ayudar a “pacificar” la isla. Los alanos españoles eran una raza de perros monteros que utilizaban en España para cazar jabalíes, ciervos y osos (si, osos). También los usaban en espectáculos donde los alanos combatían toros. Eran perros de agarre y pesaban más o menos lo mismo que un taíno promedio. En Puerto Rico, y las Américas en general, estos perros se convirtieron en una de las armas más efectivas de la colonización. Se dice que los indígenas le temían más a los perros que a los caballos y los arcabuces. Y debieron ser más peligrosos. Los arcabuces tenían sus límites. Tomaban minutos para recargar y sus mechas eran difíciles o imposibles de encender en climas húmedos. Contra guerreros que no llevaban armaduras, los arcabuces no proveían ventaja. Los indios podían disparar 20 flechas en el lapso que tomaba recargar el arma. Pero en aquellos bosques densos y montañosos, estos perros cazadores podían rastrear, perseguir, alcanzar y derribar a los indios.

Uno de los relatos más horrorosos acerca de estos perros nos lo cuenta fray Bartolomé de las Casas; “… yendo cierto español con sus perros a caza de venados o de conejos, un día, no hallando que cazar, parecióle que tenían hambre los perros, y toma un muchacho chiquito a su madre, y, con un puñal córtale a tarazones los brazos y las piernas, dando a cada perro su parte, y después de comidos aquellos tarazones, échales todo el cuerpecito en el suelo a todos juntos”

Becerrillo, era el más eficaz de estos perros, y muy querido por todos los colonos. Gonzalo Fernández de Oviedo le dedica más o menos el mismo espacio en su Historia General de las Indias a Becerrillo que a las guerras contra los taínos en Puerto Rico. Con estas palabras nos introduce al alano guerrero.

“Porque no solamente los hombres deben ser loados é gratificados, conforme á sus virtudes y méritos; pero aun de los brutos animales nos enseñan los que bien han escripto, que es razon é cosa nesecaria, y no para olvidar, lo que algunos han fecho; porque demas de nos maravillar de lo que fuere digno de admiración é pocas veces visto ú oydo, es grande la culpa que resulta de lo tal á los hombres de razon, quando no hacen lo que deben, pues que los brutos animales se diferencian é aventajan en las virtudes é cosas que obran, y aun á algunos hombres sobrepujan en buenos actos y hazañas. ¿Qué mas vituperio puede ser para un cobarde que ganar sueldo una bestia entre los hombres, é dar á un perro parte y media, como á un ballestero?”

Becerrillo era tan hábil matando indios, que ganaba el mismo sueldo de un ballestero, pagado a su dueño, supuestamente el capitán Sancho de Arango (Oviedo no menciona que este haya sido su dueño, aunque los vincula en las batallas). Era un perro color bermejo, de ojos negros, mediano y feo, pero fiel, inteligente y valiente. Irónicamente, los españoles que invadieron estas tierras, pensaban que “que Dios se lo avia enviado para su socorro”. Y, no solo eso, sino que Oviedo nos cuenta una de las razones por las que los cristianos pensaban que Becerrillo los socorría. Y es que este perro podía distinguir de una multitud de 200 indios, uno que se hubiera escapado de los españoles, y a este indio identificado lo agarraba por el brazo y se lo llevaba a los españoles. Si este indio se resistía, Becerrillo “lo hacia pedazos, é hizo cosas muy señaladas y de admiracion.” Si en la noche un indio se escapaba, Becerrillo lo perseguía y lo traía de vuelta. Oviedo también nos cuenta lo siguiente acerca de su trato hacia los taínos. “É con indios mansos tenia tanto conoscimiento como un hombre, y no les hacia mal. Y entre muchos mansos conoscia un indio de los bravos, é no paresecia sino que tenia juicio y entendimiento de hombre (y aun no de los necios)”

Los españoles decían que cuando iban a la guerra, iban en mejor ánimo y se sentían que eran doble en número si Becerrillo estaba con ellos. Pero el alano español finalmente murió en el 1513 (algunos dicen 1514, pero por el nombre del gobernador en aquel momento, esto no es posible). El cacique Yahureibo de Vieques, vino a Puerto Rico a vengar la muerte de su hermano, el cacique Cacimar (Cacimar atacó a los españoles en Puerto Rico y mientras batalla contra el hidalgo Pero López de Angulo, otro hombre llamado Francisco de Quindos atravesó al cacique con una lanza de un lado al otro, y casi mata a Pero López también). Pues Yahureibo se enfrentó en batalla contra el capitán Sancho de Arango y sus hombres en las tierras del Daguao al este (posiblemente estas eran las tierras de Ceiba a Fajardo). En algún punto el capitán quedó herido en la batalla y el perro lo rescató. Entonces Becerrillo se lanzó a nado en persecución de un indio y recibió un flechazo envenenado, y murió. Se dice que gracias a su proeza los españoles lograron escapar con vida de la batalla. Por lo general se cuenta que Sancho de Arango murió también luego de esta batalla, pero Oviedo no hace mención de esto.

Para esos tiempos el gobernador de la isla era el teniente Cristóbal de Mendoza y cuando se enteró de lo ocurrido, salió de la villa de San Germán en una carabela con 50 hombres y navegaron hasta Vieques donde lucharon contra Yahureibo y sus hombres, y finalmente le dieron la muerte al cacique. Capturaron a muchos taínos y se llevaron sus piraguas de vuelta a San Germán.

Oviedo nos dice que esta batalla fue por vengar la muerte del perro Becerrillo “lo qual no fué pequeña pérdida, porque aunque se murieran algunos chripstianos, no lo sintieran tanto los que quedaron, como faltarles el perro” También nos cuenta que Becerrillo dejó muchos descendientes en Puerto Rico, que fueron igualmente valientes y uno en específico, llamado Leoncillo, que llevaron a Tierra Firme y perteneció al adelantado Vasco Nuñez de Balboa.

No culpo al perro por las atrocidades que de crianza le enseñaron. Yo sé que mis perros Robin y Lego se comportan acorde a como yo los crio. Más leales no podrían ser, y aunque son muy pequeños, le ladran a todos los perros que pasan por enfrente de mi casa como si tuvieran que defender su terreno a toda costa.

Lo que quiero decir es que para mí esta no es una historia de acción, acerca de conquistadores valientes y perros heróicos. Esto es una historia de horror y tragedia, de violencia y matanza contra los taínos. Y es también una traición patética a un perro leal, que murió asesinando hombres y mujeres, confiando plenamente (como hacen todos los perros), en su amo y creyendo que hacía lo correcto. La guerra de la conquista fue larga y horrorosa. Pero tal vez porque ocurrió hace más de 500 años, y tal vez porque la historia se cuenta desde los ojos del ganador, hay una distancia. En todas las ocasiones esta historia se cuenta del punto de vista del perro y no de los taínos. Sabemos más de la apariencia de Becerrillo, que de Guarionex por ejemplo.

Es como en Star Wars, que los enemigos son Stormtroopers con cascos que les cubren el rostro, pero a los rebeldes buenos sí se les ve la cara. Unos se ven robóticos y los otros son humanos. Por eso no te importa cuántos Stormtroopers mueran, pero cuando es un rebelde, da tristeza. En el caso de nuestra historia, los taínos eran, literalmente, los rebeldes luchando contra el imperio, pero en fin nuestros monumentos están dedicados a los conquistadores, hombres que usaban perros cazadores de osos para matar humanos. A ellos son a quienes les vemos las caras en las estatuas en las plazas de los pueblos y a los taínos los vemos en acuarelas mal dibujadas en los libros de texto.

“El indio se volvería arqueología, el negro folclor, y lo español, representado por Juan Ponce de León, en el modelo de familia capitalina patriarcal, con su falso escudo de armas, con su Casa Blanca, su avenida y toda la nueva leyenda blanquecina que le recubriría.”

- Jalil Sued Badillo, Agüeybaná, el Bravo

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Fuentes:


Coll y Toste, Cayetano. Leyendas puertorriqueñas. Verón, 2015.


Córdoba Toro, Julián. “Los Perros En La Conquista De América.” Iberoamérica Social, 2 Aug. 2019, iberoamericasocial.com/perros-conquista-america/#:~:text=Las razas de perros españoles,los podencos y los sabuesos.


Fernández de Oviedo, Gonzalo. La Historia General y Natural De Las Indias. Real Academia De La Historia, 1851.


Moscoso, Francisco. Caciques, Aldeas y población taína: Puerto Rico 1492-1582. Academia Puertorriqueña De La Historia, 2008.


Ribes Tovar, Federico. Historia Cronológica De Puerto Rico. Editorial Tres Américas, 1973.


Sued Badillo, Jalil. Agüeybaná El Bravo: La recuperación De Un símbolo. Ed. Puerto, 2008.


Villatoro, Manuel P. “Becerrillo, El Perro De Los Conquistadores Españoles Que Murió Combatiendo Contra Decenas De Indios.” Abc, 4 Apr. 2019, www.abc.es/historia/abci-becerrillo-perro-conquistadores-espanoles-murio-combatiendo-contra-decenas-indios-201904040147_noticia.html.


Información sobre el Alano Español:


ALANO ESPAÑOL, www.fiapbt.net/alano.html.


“Alano Español.” Wikipedia, Wikimedia Foundation, 6 July 2020, en.wikipedia.org/wiki/Alano_Español.


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