El origen de Cofresí


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Para finales de julio de 1821, arrestaron a Roberto Cofresí en San Germán. Apenas un mes antes, Cofresí había cumplido sus 30 años y estaba a punto de tener su primera hija, Bernardina, con su esposa, Ana. Para este tiempo, Cofresí todavía no era un pirata. No andaba navegando por los mares robando barcos. Entonces, ¿cómo terminó en la cárcel?


El tiempo que precedió el arresto había sido difícil para la familia Cofresí, pero la realidad es que la cosa estaba mala en todo Puerto Rico. Cofresí tenía cierta posición social por su familia. Su madre era María Germana Ramírez de Arellano y Segarra. Los Ramírez de Arellano, según Wikipedia, “son descendientes de reyes navarros, aragoneses y de Rodrigo Díaz de Vivar, el "Cid Campeador" (no tengo comentarios). Su padre era Franz von Kupferschein, pero en español era más fácil pronunciarlo como Cofresí. Franz llegó a Cabo Rojo en 1784 de Trieste, Italia, como prófugo de la justicia por el asesinato de un tal Josephus Steffani. Allí, él dijo que era un conde en Europa y que huyó a Puerto Rico a causa de un duelo. Así que, como su padre era realeza y su madre era Ramírez de Arellano, Roberto Cofresí disfrutaba del título de Don, aunque no tenía ni dónde caerse muerto.

A finales del 1814, Franz von Kupferschein murió y tres meses después, el 14 de enero de 1815, Cofresí se casó con Ana Hoevertz Creitoff. El matrimonio se mudó al casco de Cabo Rojo. Dejándome llevar por el libro “Roberto Cofresí” de Walter A. Cardona Bonet, no me queda del todo claro si se mudaron a la casa de su suegro (don Geraldo Creitoff), aunque suena a que eso fue lo que pasó. De todos modos, al cabo de unos meses, esa casa se quemó. El suegro quedó endeudado al punto de que tuvo que pedir una prórroga por no poder pagar.


Para 1818, el matrimonio vivía en la casa de la suegra de Cofresí, Anna Cornellia. Cardona Bonet nos dice que, según “las descripciones de las residencias existentes en el casco urbano en 1820, se cree que dicho hogar debió haber sido un simple bohío cubierto con hojas de yaguas.” En un registro aparece la esposa de Cofresí como dueña de la casa, que valía 50 pesos españoles. Sabemos que para 1821, ninguna persona de apellido Cofresí era dueño de ninguna propiedad en Cabo Rojo. Esta situación era común alrededor de la isla. El pueblo de Cabo Rojo, por ejemplo, “...consistía en 75 casas de madera con tejas y 104 bohíos…” (Cardona Bonet).


Para esos tiempos, los gritos de independencia en otras colonias españolas estaban teniendo repercusiones en Puerto Rico. Llegaban refugiados políticos, los esclavos se estaban sublevando, había desorden civil y ataques de corsarios insurgentes.

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Encima de todo eso, Cardona Bonet nos dice que el 28 de septiembre de 1820, un temporal azotó a Puerto Rico que destruyó las cosechas. Ahora, la isla ya había sufrido una mala racha con huracanes y tormentas en la década antes de este huracán. Según el libro Historia de los Huracanes en Puerto Rico, de Edwin Miner Solá, entre 1813 y 1819 pasaron 5 huracanes y posiblemente una tormenta. De estos, dos afectaron gravemente a San Germán y Yauco, uno azotó el sur de la isla, y el de 1819, que fue bastante fuerte, afectó la isla entera. O sea que, a pesar de que la cosa estaba mala en toda la isla, el sur, y en particular Yauco y San Germán llevaban ya unos años difíciles cuando llegamos al 1820.


A pesar de todo esto, el gobernador Salvador Meléndez Bruna decidió que el problema eran los “vagos” y que los tenían que arrestar. El colmo fue que estableció la cantidad que debían arrestar, lo que llevó a que apresaran a personas inocentes solo por llenar la cuota. A muchos de estos se los prestaban gratis como mano de obra a hacendados favorecidos por el gobierno. O sea, esta fue la respuesta del gobierno: atender un problema haciendo algo que no tenía nada que ver para beneficiar a sus amiguitos.


Puerto Rico estaba en crisis pero el problema no eran “los vagos”. Había escasez de comida, en parte por los huracanes, pero también por poca fertilidad en los terrenos y encima de todo eso porque, según nos dice Cardona Bonet, “los recursos… eran acaparados por los comerciantes y empresarios”. Una de las razones principales por la que los recursos de estaban cayendo en tan pocas manos fue “la llegada de extranjeros y refugiados que acogidos a la Cédula de Gracias de 1815, compraron terrenos” y provocaron “la inflación de las tierras y alimentos, asfixiando así al pobre que no podía competir” (Cardona).


Sobre este asunto, el alcalde de Yauco, don Juan Evangelista Ramírez de Arellano, escribió en febrero de 1821:


““...me es forzoso representar á vuestra señoría, que desde este Partido se trasladan con objeto de domiciliación en el de Yauco, muchos individuos, de los quales algunos han prosperado á beneficio, de la feracidad de los terrenos que allí adquieren á muy poca costa, por ser mui internos y quebrados, y éstos atrahen á sus parientes o amigos, que tanto unos como otros, serían perjudiciales en este vecindario, á causa de la miseria en que viven que siempre los inclina á los vicios harto comunes en este Pueblo.”


Fue en este contexto que una ola de asaltos y asesinatos arropó el sur y el centro de la isla, en pueblos, como Cabo Rojo, Hormigueros, San Germán, Mayagüez, Sabana Grande y Yauco. Pero uno en particular, puso a las autoridades de la isla en alerta.

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El 22 de noviembre de 1820, cuatro hombres galopando a caballo le pasaron a las millas al Teniente de Caballerìa don Antonio Ordòñez en las afueras de Sabana Grande. El don no le dio mucha cabeza al asunto en aquel momento.


Más tarde ese día, un grupo de bandidos asaltó las residencias de algunos vecinos adinerados en Yauco, como don Faustino de Rivera, don Nicolás Valdés y Francisco Lamboy. Sabemos que a Nicolás Lamboy (quien era el regidor del pueblo) lo atacaron alrededor de 15 hombres, de los cuales cuatro andaban a caballo. Los hombres andaban armados con sables y armas de fuego. Hirieron a Nicolás en la cabeza, y saquearon su casa. Durante el atraco, llegaron unos milicianos que habían escuchado el revolú en la casa, pero no lograron detener a los asaltantes. De hecho, varios de los milicianos resultaron heridos.


Parece que los asaltantes no eran de Yauco. Cinco días después se reportó la noticia por la isla. Se desató una gran persecución de los criminales, quienes al parecer escapaban a Cabo Rojo. En Sabana Grande, sabemos que los bandidos golpearon a un hombre varias veces con el lado plano de una espada y continuaron por su camino. Como el alcalde de Yauco inicialmente asumió que los criminales eran corsarios insurgentes que habían desembarcado en la isla, los bandidos pudieron escapar desapercibidos. Se llevaron a cabo unas emboscadas en Yauco, Guayanilla y Peñuelas. Enviaron hombres de San Germán y Caguas para ayudar con la búsqueda. En Ponce, dieron con una pandilla de 15 hombres armados, a la misma vez que por Salinas se reportaba otro grupo de bandidos. Dos meses después, a un residente de Salinas le robaron 300 pesos en plata, su caballo y un sombrero, y le dieron pal de golpes.


El gobernador, para este tiempo estaba visitando Cabo Rojo y condenó lo que él consideraba una conspiración de las autoridades locales, de hacerse de la vista larga de los crímenes que ocurrían. No fue hasta enero del 1821, que comenzaron los arrestos. Lograron capturar a 12 personas y otros 4 fueron remitidos bajo sospechas. Todos eran de Cabo Rojo, menos uno que era de Patillas. Ocho de los capturados fueron sentenciados a muerte y 2 fueron sentenciados a 10 años de cárcel en México. Entre los nombres de esta primera serie de arrestos, no aparece Cofresí.


Sin embargo, estas sentencias no marcaron el fin de la persecución de criminales. En algún momento en 1821 fue arrestado Juan Geraldo Bey, a quien llamaban “el holandés”. Aparentemente, las declaraciones de Bey rindieron suficientes pistas para que las autoridades capturaran a unas cuantas personas más, entre ellas Roberto Cofresí.

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La única documentación sobre el arresto que se tiene dice lo siguiente: “...comprendido en la causa criminal que se sigue en el juzgado de letras de San Germán contra D. Roberto Cofresí y correos como perturbadores de la tranquilidad pública por varios hechos criminales…”


No sabemos si Cofresí estuvo involucrado en los asaltos de Yauco, o si fue arrestado por otros robos. El Teniente a Guerra a cargo de la persecución criminal en Cabo Rojo, don Bernardo Pabón Dávila, era el padrino de la hija de Cofresí. Aparentemente, para el momento en el que buscaban a los responsables de Yauco, Bernardo le decía a las autoridades que probablemente no iban a poder capturar a los asaltantes, porque supuestamente algunos habían huido a Estados Unidos y del resto no se sabía nada. O sea, es posible que el padrino estuviera protegiendo a Cofresí. Cardona Bonet le añade un poco más de peso a esta teoría, señalando que la mayoría de los arrestados por el asalto de Yauco, venían de Pedernales y los barrios al sur de Cabo Rojo. En esta zona, tenía sus negocios otro amigo de Cofresí llamado Cristóbal Pabón Dávila (no sé si era hermano o qué de Bernardo).


También es posible que los arrestos de Bey y Cofresí estuvieran vinculados a otra serie de robos reportados en Hormigueros. Allí se llevaban denunciando asaltos desde por lo menos 1818. Aparentemente, ese mismo año hubo unas acusaciones vinculadas al padre de Bey, y es posible que sus hijos hayan estado envueltos. Bey, continuaría siendo compañero de Cofresí durante su futura carrera como pirata.


En fin, no sabemos exactamente por qué fue que arrestaron a Cofresí. Todo parece indicar que fue algún tipo de asalto, pero no podemos precisar nada más allá de eso. Lo que sí sabemos, es que Cofresí estuvo encerrado en la cárcel de San Germán entre julio y agosto de 1821. Aparentemente, la cárcel de San Germán estaba en condiciones pésimas e insalubres. Se decía que a quienes encerraran allí “...era preciso sacarlos a pocos días por ser mucha la fetidez que exala un común que en ella se haya malísimamente dispuesto…”. O sea, la gente se ponía bastante grave de salud si pasaban mucho tiempo encerrados allí.


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El 17 de agosto, nació Bernardina, la hija de Cofresí. Es posible, que gracias a su posición social como “don”, las autoridades lo hayan dejado salir un momento a visitar a su bebé recién nacido. No sabemos si eso ocurrió. Tampoco sabemos si Cofresí fue puesto en libertad bajo palabra mientras se terminara la sumaria. O, tal vez fue simplemente, que la cárcel estaba en tan mal estado, que no era tan fácil mantener a los prisioneros encerrados. De todos modos, lo que sí sabemos es que en algún punto en agosto de 1821, escapó de la cárcel. Roberto Cofresí se convirtió en un prófugo de la ley.


 

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Fuentes:


-Roberto Cofresí, de Walter A. Cardona Bonet


-Piratas y Corsarios en Puerto Rico y el Caribe, de Sebastián Robiou Lamarche


-Historia de los huracanes en Puerto Rico, de Edwin Miner Solá


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