La isla pirateá (Parte 1)

Updated: May 13, 2021


Ilustración del libro Americaensche Zee-Roovers (Los bucaneros de América), de Alexandre Exquemelín

Bueno, vamos a empezar sacando del medio las definiciones. Un pirata es, según la Real Academia, una “persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar.” Es básicamente un ladrón del mar. Los piratas han existido desde la antigüedad; hay documentación desde tan atrás como el siglo XIV A.C., en Egipto y el Mediterráneo.





Los corsarios eran quienes mandaban una embarcación armada en corso con patente de su gobierno. El corso era la campaña que hacían por el mar los buques mercantes con patente de su gobierno para perseguir a los piratas o a las embarcaciones enemigas. El propósito de los corsarios era debilitar el poderío de las naciones enemigas. Atacaban sus navíos en tiempos de guerra, o como represalia en tiempos de paz. Lo que capturaran de esos barcos, era suyo para vender. Un corsario era básicamente un pirata con permiso de su gobierno (la patente de corso), a quién le tenía que pagar una comisión. La determinación de quién era corsario o pirata, dependía de su bandera. Por ejemplo, Francis Drake era un corsario para los ingleses, pero un pirata para los españoles. Por eso, el término pirata se utilizaba de manera bastante amplia, muchas veces sin distinguirlos de corsarios.


Ilustración del libro Americaensche Zee-Roovers (Los bucaneros de América) de Alexandre Exquemelín

No necesariamente tenía que haber una declaración de guerra para que un corsario atacara barcos de otro país. En teoría se suponía que los corsarios debían mantener cierta ética en su acción, respetando las reglas internacionales y las regulaciones de la autoridad que le otorgara el patente, pero los corsarios no siempre respetaban estas normas. Tomaban barcos, atacaban ciudades y atacaban colonias.


También estaba el armador de corso, quien financiaba las embarcaciones para efectuar el corso. Los armadores de corso, como Miguel Enríquez, no eran necesariamente corsarios, ya que podían tener a su cargo un personal que operara sus embarcaciones.


El papa español Alejandro VI promulgó una bulas en el 1493 que le otorgaban por “autoridad del Omnipresente Dios” a los Reyes Católicos, sus herederos y sucesores; todas las tierras, mares, islas descubiertas y por descubrirse al oeste del meridiano situado a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde. Luego Portugal y España firmarían en el 1494 el Tratado de Tordesillas, que establecía el meridiano a 370 leguas de Cabo Verde. Así que la bula papal no tuvo tanto uso. Pero igual, con estos documentos, se creaba lo que se conocería como el Mare Clausum, o el mar cerrado, que le otorgaba exclusividad comercial en este lado del mundo a España y a Portugal. Esto significaría, entre otras cosas, que las colonias españolas solo podrían comerciar con España.





Obviamente, al resto de los países europeos que también querían beneficiarse de las riquezas en este lado del mundo (Holanda, Francia, Dinamarca, Inglaterra) ese tal Mare Clausum no les gustaba para nada, en especial luego de que se descubrieran las inmensas cantidades de oro en México y Perú. Así fue que empezó el corso. Todos los países querían su canto de estas tierras, así que le daban licencias de corso a navegantes para practicar la piratería en las Américas y así debilitar el poderío español. Todos ellos tenían sus motivos. En Europa para esos tiempos rugían una serie de guerras religiosas, luego de que el fraile católico agustino Martín Lutero clavara las 95 tesis en las puertas del Palacio de Wittenberg en 1517, amonestando a la iglesia por alejarse de las enseñanzas de la Biblia. Este fue el inicio de lo que se conoce como la Reforma Protestante. En Francia estaban los Calvinistas, en Inglaterra los Anglicanos y en Holanda los Luteranos. Cuestionaban la autoridad de la iglesia católica porque, como dijo el inglés Sir William Cecil, “...al Papa no le está permitido repartir el mundo, ni dar ni quitar a quien él quisiere.” El reino de Isabel I de Inglaterra (entre 1558-1603) dio inicio a esta política desafiante contra el imperio español de Felipe II.


Los primeros corsarios en América, probablemente fueron los franceses. Ya desde el 1503, Paulmier de Goneville andaba comerciando por el litoral de Brasil con los indígenas, comprando maderas, algodón, aves exóticas y otros artículos. El primer navío inglés en este lado del mundo, se documentó en isla de Mona en 1527. Fue un barco llamado Samson, y su capitán dijo que el barco le pertenecía al rey de Inglaterra (Enrique VIII), que con el mal tiempo se habían separado de otro barco que los acompañaba en la misión exploratoria. Terminaron llegando a Santo Domingo, y fueron expulsados a cañonazos cuando intentaron mercadear con los habitantes.


John Hawkins

España y Portugal guardaban los conocimientos náuticos, acumulados tras tantas décadas de navegación, con la misma confidencialidad que hoy se trataría una nueva tecnología militar. Por lo que, si deseabas cruzar el Atlántico, tenías que procurar los servicios de algún traidor de estas naciones. Cuando el inglés John Hawkins (primo de Francis Drake), se lanzó en su primer viaje a América en 1561, gracias a sus conexiones mercantiles con Pedro de Ponte en las Canarias, pudo procurar los servicios del piloto Juan Martínez, de Cádiz. Antes de cruzar el océano, se detuvo en Sierra Leona y Guinea para procurar esclavos, entre otros productos. El contrabando era la pieza fundamental de la piratería y el corso, y la trata esclavista siempre fue una parte primordial de este mercado. Los reclamos de los colonos acerca de la falta de esclavos era bastante común en aquellos tiempos. En las Memorias de Melgarejo, por ejemplo, una descripción de Puerto Rico escrita en el 1582, el autor lamenta una y otra vez, el hecho de que en Puerto Rico hay muchas riquezas que no se pueden explotar por la falta de esclavos. Así es que, había un hueco en el mercado y los piratas y corsarios se apresuraron para llenarlo.


John Hawkins fue efectivamente el primer inglés en intentar romper con el monopolio español en América. En este primer viaje, Hawkins logró vender toda su mercancía, y de regreso se detuvo en Tenerife, para que sus barcos cargados de productos americanos fueran legitimados por los Ponte. Pero parece que no hicieron muy bien trabajo falsificando documentos, porque ambas naves fueron confiscadas, una en Lisboa y la otra en Sevilla. En Londres, fue recibido como un héroe. Luego de su segundo viaje a las Américas, fue nombrado Caballero, por la Reina Isabel I. En su tercera expedición, actuó más como armador de corso, ya que no viajó personalmente, pero su primo, un joven Francis Drake si. Este viaje fue un fracaso, ya que los colonos se negaron a intercambiar con ellos. Hawkins forma parte de su cuarta expedición, también acompañado por Drake. Esta vez, la reina accede a formar parte de la misma. De esta manera, Hawkins podía defenderse de todas las acusaciones que se le hiciera de pirata por los españoles.





Ya en este cuarto viaje, España había reforzado sus defensas en las colonias americanas y se encontraron con resistencia en varios puertos. El viaje culminó con una batalla en el puerto de San Juan de Ulúa, cerca de Veracruz, en México, de donde los ingleses apenas lograron escapar con vida. Luego de este evento, que los ingleses toman como una traición española, comienza el deseo de venganza y de ahí en adelante, los intentos de acabar con el dominio español mediante el comercio se acaban y comienzan los ataques abiertos.


John Hawkins fue quien le dio inicio a la carrera de Sir Francis Drake, una figura heróica para los ingleses, que a la misma vez cometió muchas atrocidades en este lado del mundo, atacando, invadiendo, saqueando y robando las colonias españolas, y que terminaría atacando a Puerto Rico en el 1595.